Cuando me quedé embarazada seguí practicando Yoga hasta el noveno mes, claramente no hacia todas las asanas y me lo tomaba con más calma pero la práctica me ayudaba mucho en devolverme la energía que las noches de poco sueño me quitaban. A finales del séptimo mes, junto a mi práctica habitual decidí apuntarme a unas clases de Yoga Prenatal para focalizarme sobretodo en la respiración, ejercitarme con asanas que me habrían ayudado en el momento de parir y conocer a otras mamis en la misma condición que yo.

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